Arturo Gilio, qué grata sorpresa

Casi media entrada para presenciar el encierro de Los Maños. Sucede que las reses de la familia Marcuenda son patrimonio material de los aficionados zaragozanos. Ambiente de máxima expectación en el coso de La Misericordia. Lo cierto, es que quiso más el público que los utreros ‘santacolomeños’. Rompió plaza un novillo largo de manos y noblote, carente de raza, chispa y empuje, frente al que Miguel Cuartero manejó los engaños con suavidad y criterio. Hubo el novillero local de buscar a su oponente tras sus desentendidos finales y de ponerle mucha expresión a sus pulseados muletazos. Lástima que Miguel no atinara con el estoque de cruceta tras casi media estocada en el sitio. Frente al cuarto, un astado de efervescente poder que dejó estar a Cuartero, pero que terminó afligido y agarrado al ruedo, el torero aragonés volvió a regular con acierto las alturas de su precisa y templada pañosa. Quizá al buen planteamiento técnico le faltara un mayor punto de fibra que dotara de trascendencia y eco a su sosegado y aseado trasteo. Al igual que le sucediera con el cárdeno que abrió festejo, los fallos con los aceros limitaron el botín de su actuación a una cariñosa ovación saludada desde el tercio.

Para Fernando Navarro fue un segundo ejemplar de bastas y redondas hechuras, de mejores inicios que finales, al que el sevillano condujo a su aire en una labor sin ajuste ni estructura. Se negó el sevillano a exprimir las opciones del más franco pitón izquierdo, razón por la que ‘Beduino’ terminó aburriéndose. Completó el lote del novillero hispalense un regordío utrero que, después de mansear en varas, rompió a descolgar y embestir por ambos pitones con atemperada clase y profundidad. Más preocupado por las formas que por el fondo, el dubitativo Fernando contemporizó en tierra de nadie sin lograr empastar con el notable ‘Pirujo’, un novillo premiado por los mulilleros con un lento arrastre. La ovación del respetable se escuchó hasta en la plaza del Pilar.

La más grata sorpresa del mediodía dominical la protagonizó el novillero mexicano Arturo Gilio. Cornipaso y muy justito de trapío fue su primero, un utrero que evidenció desde su salida por toriles problemas de apoyó en la mano izquierda. Con todo, el enrazado y enclasado ‘Fandanguero’ fue a más en el transcurso de la lidia. Aprovechado de principio a fin por las engrasadas y acompasadas muñecas del torero azteca. La faena de Arturo Gilio fue de menos a más y careció de inoportunos toques defensivos y desplazadores. Todo cuanto hizo el mexicano lo hizo por derecho y con suma despaciosidad. Sus dos últimas tandas de naturales, hondos y ralentizados, duraron lo suficiente para que los aficionados deslizaran los más sentidos oles del festejo. Rematada tan singular faena de verticales y ceñidas manoletinas, con la tizona… mejor correr un tupido velo. Frente al sexto, enmorrillado, hondo y apretado, Antonio Chacón protagonizó una lidia antológica, para el recuerdo. Imposible estar más templado y desprender más torería. ¡Qué festín capotero! Alcanzado el último tercio, a ‘Peinador’ le faltó el tranco definitivo y fondo. Calibrada al milímetro, la administrada faena de Gilio destacó por su impoluta colocación. También por la expresión impuesta a los muletazos, la hondura de los pases de pecho y el virtuosismo de su toreo a dos manos. Tanto por alto como por bajo. Le faltó toro a Arturo. Y dominar la ejecución de la suerte suprema. Tiempo habrá de invertir esfuerzos en el carretón.

Alfredo Casas Torcida (@casastorcida)