Desconcertantes ‘pilares’; Gonzalo Caballero herido

Desconozco quien fue el insensato que envió a varios agentes de la Policía Nacional al tendido 7 con el fin de requisar las pancartas que, roto el paseíllo, demandaron la salida del palco presidencial del ínclito Gonzalo de Villa Parro. ¿Acaso la plaza de toros de Las Ventas es feudo de algún señor medieval? ¿Aún sigue vigente el vasallaje? ¿Y el diezmo? A quien corresponda: no abusemos del respetable que suficiente aguanta sin apenas rechistar. Mal comienzo para un festejo marcado por la exigente y desconcertante movilidad de los toros de El Pilar y la grave cornada que Gonzalo Caballero se infirió al entrar a matar -sin opción de salida- al tercer ejemplar de la tarde. Vayamos por partes que hay mucha tela que cortar.

Aún con las fuerzas policiales en el tendido 7, saltó a la arena un cinqueño generosamente armando, largo de manos, alto de cruz y hecho cuesta arriba que, tras dos severos puyazos, siguió empleándose con los pechos y a lo bruto. En el transcurso del último tercio, ‘Dulcero’ exhibió fondo de genio y una encastada movilidad defensiva que, a cada enganchón, fue violentándose aún más. Avanzado el intermitente cuerpo central del trasteo de Juan del Álamo, echada la franela a la zurda, el diestro salmantino recibió una dramática voltereta, tras la que regresó enfibrado a la cara de su duro oponente. Entonces sí, dos ligadas y gobernadas series de derechazos y unas ceñidas manoletinas, precedieron a una estoca entera y trasera y un último arreón de Padre y muy Señor nuestro. El respetable demandó un trofeo que el palco presidencial negó. Vuelta la ruedo y, menos el diestro charro, todos contentos.

Al cuarto en el orden de lidia, estrecho de sienes, corto de cuello y cuajado por los cuatro costados, el varilarguero le dio de lo lindo. Con todo, ‘Jacobero’ mantuvo la cara por encima de las esclavinas de los capotes y una incierta movilidad carente de entrega y empuje. Después de un sofocante y trabado tercio de banderillas, el toro cambió y Del Álamo pudo ligar calibradas tandas de derechazos. Censurado en ocasiones por su conservadora colocación, el diestro salmantino esbozó un par de infructuosos intentos de toreo con la zurda. Ya con el toro desentendido, quiso Juan recuperar el contacto con los tendidos. Nones. Aún le aguardaba al director de lidia el ejemplar que completó el áspero encierro propiedad de Moisés Fraile. De pavorosa cuna, el mostrenco que hizo sexto consintió un mecido y jaleado saludo a la verónica y paren de contar. Repuchado en varas y desfondando en banderillas, ‘Guajiro’ duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio.

Para José Garrido fue un segundo que se emplazó de salida, remendó a cornadas el peto del caballo, regateó a su lidiador y arrolló sin aparentes consecuencias al torero extremeño. El informal e incómodo ‘Medicillo’ acometió por dentro y a duras penas se soltó de las telas. A pesar de ello, Garrido fue desengañándolo en una esforzada y extensa labor que no encontró el refrendo de la tizona. Frente a su segundo, más corto de manos y de temperamental condición, José volvió a sudar la gota gorda. Pegajoso y sabedor de lo que dejeba atrás, ‘Canastero’ encontró todo tipo de excusas para revolverse con celeridad y buscar presa. Lo cierto es que nunca quiso ir hacia delante. Acabó agarrado al ruedo y poniéndose por delante en el trascendental momento de la suerte suprema.

Dispuso Gonzalo Caballero en tercer lugar de un toro de mansa condición en varas que, a pesar de la dubitativa y afligida brega de Curro Robles, alcanzó el último tercio haciendo gala de unas descolgadas y nobles embestidas por el pitón derecho. Casi siempre conducido a su aire, las breves y reunidas series en redondo destacaron por la sugerente riqueza en los remates y los constantes desplantes. La relativa calidad de ‘Medicino’ no encontró el refrendo del pitón izquierdo. Por ahí el astado se frenó en mitad de la suerte. Ante la evidencia, Caballero abrochó su actuación con ceñidísimas bernardinas. Imposible pasárselo más cerca. Montado el acero, el torero madrileño atropelló la razón. Herido de gravedad en la cara externa del muslo izquierdo -han leído bien, del muslo izquierdo-, Gonzalo fue trasladado a la enfermería. De allí, únicamente saldría camino del hospital La Fraternidad. Como casi siempre que actúa en Las Ventas. ¡Ay Señor!