Haz el amor y no la guerra

Ancho de sienes, badanudo, despegado del ruedo y desmedidamente cargado de kilos, el primer ejemplar de la bueyada de Las Ramblas duró lo que se empleó durante el primer puyazo; completamente grogui y tambaleante al salir de la suerte, el inválido, desrazado y vacío ‘Valeroso’ penó por el ruedo como un alma desahuciada por el purgatorio. Morenito de Aranda no pudo más que acompañarlo en su errático vagar por el arenal venteño.

Alto de cruz, largo de manos, ligeramente hecho cuesta arriba y de menguado cuello, el segundo de la tarde fue magníficamente picado por José Francisco Peña y tuvo dos docenas de nobles y potables arrancadas –a la altura natural de su cara y sin emplearse-. Hábilmente ligado en cuatro series de aseados muletazos en redondo, trazados a velocidad supersónica, ‘Sillero’ se rajó a tablas tras la primera y única tanda de naturales. En los adentros logró Juan Del Álamo enredarle una serie más de diestros derechazos, seguidos de unas animosas manoletinas y más de media estocada tendida y trasera. Por el elocuente gesto de su rostro, al torero charro la ovación del respetable le supo a muy poco. Y a mí a cuerno quemado la ovación al toro en el arrastre. Titularía esta película de terror: lo que la movilidad esconde.

Generosamente armado, aleonado, hecho cuesta arriba, recogido y atacado de kilos, el tercero en el orden de lidia arrolló de salida, cumplió con fijeza en varas y fue desarrollando en banderillas una descompuesta y defensiva aspereza. Más que embestir, el belicoso ‘Taleguilla disparó sin cesar por ambos pitones -con más saña por el izquierdo- a la templada muleta de Tomás Campos. Por si fueran pocas las complicaciones, Eolo hizo inoportuno acto de presencia. No quiso el dios de los vientos perderse la autenticidad y pureza con la que el flemático diestro de Llerena planteó su generoso trasteo. Incluso después de dos benditos milagros que salvaron a Campos por milímetros del hule de la enfermería. Dantesca fue su imagen colgado por el chaleco del astifino castaño que, gracias a su manifiesta falta de raza, terminó perdonando la vida al entregado torero. Empeñado en que su nombre protagonizara los titulares de la prensa escrita y gracias al ralentizado bombeo de su valeroso corazón, Campos continuó pisando terrenos comprometidos, donde queman las zapatillas, hasta lograr empujar, de una en una y hasta donde no quiso desplazarse, las díscolas acometidas de su oponente. Lo hizo como quien acaricia a un ser amado. Tomás es hombre de paz. Lo suyo es hacer el amor y no la guerra. Antes de difuminar con la tizona el importante trasfondo de su natural y expuesta actuación, el extremeño volvió a ofrecer el pecho y las femorales en manoletinas de sobria, precisa e inverosímil ejecución. Las palmas tras el arrastre del toro pusieron en evidencia la cara más descarnada y desagradecida del toreo.

Ancho de sienes, hondo, corto de cuello y manos, el segundo del lote de Morenito nunca descolgó la cara, huyó de najas tras ambos encuentros en varas y distrajo sus afligidas y rebrincadas acometidas antes de alcanzar el último tercio. Carente del más mínimo celo y empuje, ‘Artista’ representó la nada. Menos mal que al torero burgalés aún le queda pendiente un paseíllo durante el presente San Isidro. Ayer abandonó inédito el monumental coso capitalino.

Descarado de pitones, despegado del ruedo y hecho cuesta arriba, el quinto únicamente se empleó de salida en la búsqueda de los terrenos donde nadie le molestara. Protestado por supuesta falta de fuerzas, al pajuno y soso ‘Jabonado’, como a toda la corrida, lo que le faltó fue raza y sangre brava. Por no hacer, no apretó hacia los adentros. Lanzó algún gañafón, aunque de manera muy tímida. Casi pidiendo perdón. Diligente y aseadamente conducido por la curtida muleta Juan Del Álamo, la solvente faena no encontró eco en los tendidos. Con todo, Del Álamo volvió a saludar otra ovación. A la chita callando, el torero charro continúa manteniendo el crédito entre la cátedra venteña.

Para rematar el descalabro ganadero, saltó al ruedo un mostrenco sin cuello que fue el sueño de un carnicero. Se frenó ante los capotes, exhibió su poderosa naturaleza en el caballo y se rajó en banderillas. Notablemente bregado por ‘El Víctor’, el buey de carretas que completó el imposible lote de Tomás Campos no quiso aprovechar las muchas ventajas, diría que todas, también los mimos, que le ofreció su lidiador. Afianzado de inicio, consentido al avanzar el trasteo, cuando llegó la hora de la verdad, ‘Templador’ se empleó a taponazos. Otro guerrero de serie C. Qué lástima. A Tomás Campos ya no lo quedan más balas en la recámara isidril. Deberá la empresa considerar una merecida segunda oportunidad. Pero de las de verdad. Ustedes yo nos entendemos. Espero que ellos también. La Fiesta necesito enganchar al tren de la temporada al torero extremeño, un orfebre del arte de Cúchares.