Honores para el bravo ‘Aperador’

Foto: Toromedia

Enrazado y exigente encierro de Santiago Domecq. Poderoso y con motor. Que pesó un mundo en la muleta y trazó en la arena la delgada línea roja. De infinitos matices. El mansito astado que rompió plaza fue sin duda el más manejable. Acusó durante los dos primeros tercios la dureza del piso, razón por la que gateó en repetidas ocasiones. Con todo, ‘Cerreño’ no paró de moverse con nobleza, la cara a media altura y un deslucido punto de sosería. No dijo gran cosa, pero tampoco se comió a nadie. Dejó estar.

El segundo en el orden de lidia, de nombre ‘Aperador’, fue premiado con los honores de la vuelta al ruedo. El entipado y codicioso colorado resbaló una y otra vez de salida -no volveré a incidir en el mal estado del ruedo-. Nada más que marcado en su segundo encuentro con el caballo de picar, en el transcurso del tercio de quites y banderillas, el fijo, pronto y poderoso astado demandó todo se lo hicieran por abajo. Tras las dos primeras tandas de sometidos y largos derechazos pareció acusar la exigencia de Perera. Nones. A partir de ése preciso momento, el toro sacó su bravo fondo y fue a más. A mucho más cuanto más le apretaron. Con profundidad, entrega y una electrizante carga de transmisión. Por petición mayoritaria del respetable, el presidente sacó el pañuelo azul.

El tercero de la tarde, hondo y algo más basto que sus hermanos de encierro, le costó soltarse de las telas desde el saludo capotero de Paco Ureña. Aunque empujó con fijeza durante el primer puyazo, nada más que le metieron las cuerdas al segundo encuentro. Poco ágil y elástico en sus movimientos durante el tercio de banderillas, ‘Libanés’ se echó a Ureña a los lomos sin mayores consecuencias. De mejores inicios que finales, el agradecido toro correspondió a la impoluta colocación y sinceridad de su lidiador. Quizá le faltó un punto de fuelle y fondo para repetir las acometidas y ofrecer mayor trascendencia a su juego.

Superado el ecuador del interesante festejo saltó al albero hispalense un serísimo morlaco que se desplazó con largura y quedó crudo tras la suerte de varas. Encastado y poderoso, ‘Humorista’ desarmó a ‘El Cid’ por ser conducido a su aire. De desbordante y emotiva movilidad, el toro de Santi Domecq requirió mayor sometimiento y gobierno. Y muchas menos dudas. Venido arriba, el exigente astado campó a sus anchas hasta hacerse con el dominio absoluto del ruedo. Terminó desarrollando muchas complicaciones. ¡La casta!

Completó el lote de Miguel Ángel Perera un geniudo toro que picó por dentro y embistió con los pechos y sin rebosarse por el lado derecho y no se soltó de las telas por el pitón izquierdo. Seco, indómito y con más teclas que un piano de cola, a ‘Escondido’ le faltaron un par de trancos y fue desarrollando evidente peligro; siempre supo qué dejó atrás. Terminó rajándose a los adentros ante la firmeza del diestro extremeño. Soberano esfuerzo el suyo.

Remató el exigente encierro, un toro aleonado y alto de cruz que, alcanzado el ultimo tercio se movió de lo lindo antes de los embroques, pero que terminó rebrincándose y descomponiendo bajo las telas. De humillado inicio, ‘Remendito’ se resistió a que Ureña tirara de sus pesadas acometidas. Cada vez más agarrado al piso plaza, el toro ofreció más opciones hacia los adentros y la tomó a regañadientes cuando Ureña ofreció la salida a los medios. Por la severidad de su comportamiento, el dilatado trasteo de Ureña fue acumulando méritos antes un pinchazo y media estocada en el sitio.