Inspirada faena de Paco Ureña

Atrás quedó la feliz celebración del centenario del debut de Albaserrada en Madrid. Calor sofocante y prácticamente otro lleno en los tendidos para recibir al encierro de los ‘núñez’ de Alcurrucén. Así son los viernes venteños. Abrió plaza ‘Manchego’, un astado pelín hecho cuesta arriba y suelto de carnes, al que Paco Ureña y David Mora quitaron por gaoneras. A pies juntos las del murciano, con el compás abierto las del toledano. Pendiente de todo y de nada, suelto y con tendencia a abrirse a los medios, el astado propició un laborioso tercio de banderillas en el que destacó el fenomenal tercer par de Ángel Otero. A su hombre de confianza le brindó Mora su inconcreta labor, de arrebatado y jaleado inicio. La repetidora e informal movilidad del bragado, siempre con la cara colocada a su altura natural, incomodó a David. Quedó el torero colgado de los pitones al entrar a matar por derecho. Gracias a Dios todo quedó en un pitonazo corrido que, tras pasar por la enfermería, no le impidió continuar en el ruedo. Al cuarto, acapachado, corto de manos, largo de viga y corpulento, le costó un mundo repetir las embestidas y arrancarse al caballo que montó Israel de Pedro -menudos fueron los dos puyazos del varilarguero pelirrojo-. Dolido de los cuartos traseros, ‘Cornetillo’ fue protestado por el respetable, a pesar de la templada calidad de sus embestidas por ambos pitones. Su falta de fuerzas y chispa lo condenaron a la indiferencia. Se notó que estábamos en Madrid.

Estrecho de sienes, tocado arriba, de generoso cuello y honda caja, el segundo en el orden de lidia huyó de najas del caballo de picar y fue templadamente quitado por gaoneras -¡cómo no!- por Álvaro Lorenzo. Noble, pronto y con transmisión, ‘Tratante’ exhibió su buen fondo cuando Paco Ureña le apretó en los exigentes doblones iniciales y la primera tanda en redondo, quizás la más sometida de su labor. Después imperó el conservadurismo y la falta de entendimiento. El quinto, recogido de pitones, basto, alto de cruz y grandón, tuvo una abanta salida y un manso comportamiento en varas. Desentendido y rajado tras un brillante inicio por estatuarios, rubricados con toreras trincherillas y muletazos por bajo, ‘Gaitero’ respondió a su manera por el pitón izquierdo. Fue y vino de aquí para allá sin definir terreno alguno. Ureña lo caló al vuelo. Perfectamente acoplado, la faena brotó a golpes de inspiración y sentimiento. Aprovechó el torero las huidas para recrearse en las formas. Y en el fondo de largos naturales en los que hizo gala de su impoluta colocación. Con el público a favor de obra, un pinchazo precedió a la definitiva, y caída, estocada. No importa, al palco no le quedó más remedio que atender a la mayoría de pañuelos. Entonces recordé la faena de Roca Rey al bravo ejemplar que cerró el encierro de Adolfo Martín. Un pinchazo condenó 24 horas antes al rey peruano. Es verdad, las comparaciones son odiosas. ¡Qué agravio!

Berrendo en negro, el tercero de la tarde no quiso estirar ni descolgar su interminable cuello. Poderoso en varas, a ‘Cumbrero’ le falto de entrega y empuje en el peto. Tan complejo de banderillear como los dos primeros, el toro alcanzó el último tercio agarrado al ruedo; le faltó continuidad y repetir los viajes. Y humillar. Sus destempladas y secas arrancadas, no lograron descomponer al imperturbable y académico Álvaro Lorenzo, muy por encima de las circunstancias. Cerró plaza un cinqueño ancho de sienes; quizá es más ofensivo de la corrida. Me pregunto quién enlotó la corrida. Se frenó de salida; también regateó y punteó las telas. Todo normal tratándose de un ‘núñez’. Huido en varas e informal a más no poder, ‘Alcaparro’ volteó feamente a Víctor Manuel Martínez. A saltos y sin ritmo acometió durante la faena de muleta; Lorenzo no consintió que le tocara las telas ni una sola vez. A fuerza de abrirle los caminos y de apretarle en los momentos precisos, el torero toledano fue limando los defectos de su deslucido oponente. Gran mérito técnico el suyo. Sucede que, para entonces, el público ya había desconectado. Ellos se lo perdieron.