La torería de Pablo Aguado

                   

Colgó Pablo Aguado el cartel de ‘No hay billetes’ en las taquillas del coso de Las Ventas. Desconocido para el gran público al anunciarse los carteles de San Isidro, el diestro sevillano, triunfador absoluto de la feria de Abril, logró arrastrar hasta los tendidos venteños a veintitrés mil seiscientas veinticuatro almas. Se dice rápido la cifra mágica. A fuerza de ser justo, seguro que la exitosa ola de triunfos y puertas grandes del recién finalizado abono isidril contribuyó al lleno. Al César lo que es del César.

Visto el noble, encastado y repetidor comportamiento de los dos primeros toros del encierro de Santiago Domecq, el respetable se las prometía felices. Sucede que ‘Coronel’ poco o nada se pareció a los notables ejemplares que abrieron los lotes de David Fandila ‘El Fandi’ y López Simón. Exhibió de salida el tercer toro más brío que entrega y empuje; siempre con la cara colocada a su altura natural y suelto tras el primer puyazo, el negro listón fue quitado por Pablo Aguado por chicuelinas, rematadas de sabrosa media verónica. Alcanzado el último tercio, un templado cambio de mano ligado a un colosal natural marcaron de partida las diferencias. Enganchado en la media altura y conducido sin premuras por el pitón derecho, Aguado fue imprimiendo cadencia a las embestidas. A una reposada y desmayada tanda de naturales le faltó la continuidad de la que adolecía el toro. De vuelta a la diestra, un silencio sepulcral antecedió a dos tandas en redondo. Para qué más. Encajada y acariciada la primera; rematada con una trinchera que arrancó un sentido ole de los tendidos. Y que crujió al toro. De ahí que, en la segunda serie de derechazos, el diestro sevillano debiera de ganar la acción al de Santi Domecq. No por ello perdieron los templados derechazos, la naturalidad y empaque que distinguió su delicada y administrada actuación. Tres enroscados naturales a pies juntos y enfrontilados le permitieron soltar la muñeca, antes de, al atacar la suerte suprema, ser colgado del pitón derecho. Por los contenidos gestos de dolor del torero, vislumbramos una segura cogida que más tarde certificarían en la enfermería, razón por la que no pudo salir a lidiar al sexto. Con todo, Aguado regresó a la cara del toro para dejar una estocada entera que necesito de varios golpes con el estoque de cruceta. Tras recoger una ovación, el sevillano cruzó a pie el descomunal arenal venteño, antes de ponerse en las manos de los doctores. ¡Qué torería la suya! Hasta en los andares.

Conocida la noticia de que Pablo no estoquearía al sexto, se produjo una triste desbandada de público. Que digo yo que, algún día, tendremos que educar a los espectadores ocasionales. Ellos se lo perdieron. No, no me refiero a la anodina lidia del cuarto, un bello y desrazado sardo de insulsa movilidad y nula transmisión; ni al vulgar trasteo -como colocar ladrillos en un tabique- que López Simón instrumentó al castaño que hizo quinto, un toro que se fue al desolladero molido a muletazos, pero sin exprimir ni averiguar su verdadero fondo.

En realidad, me refería a los dos primeros tercios de la lidia del toro que cerró feria, un bravo colorado chorreado en verdugo que se arrancó alegre al caballo y se dejó los riñones en tres emotivas varas que levantaron al respetable de sus localidades. Como lo leen. Buena parte de culpa le correspondió al varilarguero Manuel Jesús Bernal, despedido de la silla al segundo encuentro y atinado a más no poder en la tercera vara. Hubo el piquero de saludar desde el callejón, castoreño en mano. Bien por el atento gesto de ‘El Fandi’. Hablando de David; protagonizó el honrado diestro granadino un vibrante tercio de banderillas en el que ‘Zahareño’ se fijó en los medios, con actitud ofensiva y la penca del rabo arriba. Se arrancó con todo su ser el bravo astado a los cuatro expuestos envites de Fandila; el último rematado en el mismo centro del platillo. Para entonces, el desfondado toro poco más pudo entregar. Vacío de tanto darse, el castaño quiso, pero no pudo. A pesar de que todos le empujáramos desde los tendidos, gradas y andanadas. Con todo, el de Santiago Domecq, dejó para la historia del inolvidable San Isidro de 2019 la más brava muerte del ciclo. Cuanta belleza engendra la resistencia del bravo al agarrarse a la vida y entregar su último suspiro. Ni pedido de encargo.

Puerta y hasta el 5 de julio, día en que comenzará la Feria de Toro de Pamplona. Hasta la capital navarra me desplazaré para mantenerlos puntualmente informados de todo lo que acontezca en la más universal feria taurina. Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril…