Se les caían las orejas

En el día del triste fallecimiento de Fernando Domecq -DEP-, el fenomenal encierro de Conde de Mayalde vino a homenajear a uno de los más significados y personales ganaderos que parió el campo bravo español del siglo XX. Antes de romperse el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del señor de Zalduendo. A fuerza de serles sincero, a los novillos de Rafael Finat, siempre un discreto segundo plano, se les caían las orejas desde su salida por el portón de los sustos. Sustitos en el caso que nos ocupa. Nadie reprochará al ganadero las sensacionales hechuras de los utreros y sus agradables caras. Que todo hay que decirlo.

Rafael González dispuso de un lote de puerta grande. Un primer novillo que, a pesar de mansear en varas, exhibió durante el tercio de banderillas un tranco suelto y acompasado; además descolgó y siguió hasta el final los vuelos del templado capote de ‘Jarocho’. Fijo, pronto, encastado y repetidor, ‘Andaluz’ abrió y profundizó sus nobles, francas e incansables embestidas por ambos pitones. El comportamiento del cuarto, más fino, bajo y vareado de carnes que el ejemplar que abrió plaza, sobresalió por su enclasado pitón izquierdo -menudo como colocó la cara antes del embroque- y una desbordante movilidad que demandó orden y pulso. De más limitado fuelle, a ‘Chorlito I’ le cortaron una oreja facilona.

El segundo en el orden de lidia, un ‘zapato’ de inmejorables hechuras, medido en el peto del caballo, fue una pera el almíbar; un utrero de calidad extra que terminó afligido y venido a menos por su más restringido fondo y el encimista planteamiento inicial de faena de Marcos. Seguramente, el quinto fue el novillo más encastado y de más transmisión del encierro. De alegres arrancadas, ‘Joyero’ pesó algo más por el pitón derecho en la muleta, razón por la que exigió que tiraran de él. Sucede que hay maneras y maneras de tirar de un novillo. Marcos únicamente logró violentarlo.

El tercero de la tarde remoloneó de salida frenándose en los capotes y huyó del caballo como alma que lleva el diablo. Bien bregado, ‘Entrador’ fue descolgando y deslizando algunas de sus embestidas. Con todo, le costó ir hacia delante. Le faltó el ritmo que Fernando Plaza fue capaz de imponerle. Cuando el utrero fue arrancándose más recto y durmiéndose en las telas, Plaza también fue capaz de embarcar y tirar del novillo hasta soltarlo de las telas. ¡Qué buenas sensaciones! Frente al novillo que cerró plaza, más abierto de cara y de generoso esqueleto, mansito y a punto de rajarse en sucesivos momentos, Plaza logró someter y sujetar a ‘Estafador’. Más descompuesto y sin finales por el pitón derecho, Fernando basó su labor en la mano izquierda. A pesar de las lógicas intermitencias de tan bisoño coleta y de alguna injerencia desde el tendido, para el recuerdo quedaron una decena de naturales sueltos -únicamente ligó una tanda- de ralentizado, hondo y exigente trazo, con media muleta rebozada de arena. A tener muy en cuenta. Es una intuición.

PD: evito el amargo trago de profundizar en las actuaciones de Rafael González y Marcos. A buen seguro que los muchos amigos que les rodean profundizan en las causas de la debacle venteña.