Sensacional López Chaves

 

                   

Al romperse el paseíllo, en el tendido 7 se desplegó una gran pancarta que homenajeaba al ganadero Fernando Cuadri por una vida entera entregada al toro de lidia. Todos los tendidos respondieron al fenomenal gesto de la Asociación del Toro de Madrid con una cerrada ovación. No le quedó más remedio a Fernando que, puesto en pie delante de su localidad, recoger la admiración y gratitud de la que siempre fue, es y será su plaza. La emoción contenida en su rostro cargó de sentimientos la previa de un festejo, posteriormente marcado por el descastado comportamiento de los hondos y cuajados ‘cuadris’ y la radiante madurez del salmantino Domingo López Chaves.

Ancho de sienes, corto de manos, hondo, largo de viga y con las carnes sueltas, el primer toro de la tarde apretó de salida para los adentros con las manos por delante y se empleó con fijeza en la primera vara, excesiva a todas luces. A la salida del encuentro con el caballo, ‘Nadador’ perdió las manos. Apagado en un suspiro, el astado se defendió a gañafones por el pitón derecho y embistió por dentro por el izquierdo. Cada vez más orientado por los continuos recortes de la defensiva muleta de ‘Rafaelillo’, el toro terminó agarrado al arenal venteño. Dispuso el diestro murciano de un segundo ejemplar ligeramente acapachado, badanudo, hondo y más apretado. También con otro brío y algo más de motor. De bruta y áspera movilidad. Con tendencia a arrollar las telas. Y a frenarse a la tercera arrancada. Rafaelillo se limitó a mostrar las evidentes dificultades. También su incomodidad y escasa convicción.

El segundo en el orden de lidia fue un tren de mercancías. Con muchos y cargados vagones. Echó las manos por delante y la cara al cielo con inusitada violencia junto a las tablas; razón por la que el resuelto López Chaves se salió con el toro para los medios. Repuchado tras su segundo encuentro con el caballo, el noble ‘Alemán’ no tardó en echar el freno de mano. No le quedó más remedio al firme torero salmantino que atacar y ganar la acción al descastado ejemplar. Dos empapadas y ligadas series, a derechas e izquierdas, en las que Domingo jugó inteligentemente con las alturas del engaño y las querencias, fueron el corto pero meritorio botín de su entregada actitud. Después el toro se convirtió en mármol. Frente a su segundo, más alto de cruz, enmorrillado, pelín hecho cuesta arriba y con las carnes sueltas, firmó Chaves un poderoso y emotivo saludo capotero por verónicas flexionadas. Que Óscar Bernal marrara con la vara, al igual que José Chacón con su segundo par de banderillas, fue noticia. ¡Son humanos! Los más grandes también yerran. Tenía ‘Contratista’ algo más de movilidad, vida y carbón que sus parados hermanos de encierro. Aprovechó Domingo la circunstancia para cuajar en redondo muletazos de apretado embroque, medido trazo y aliviado remate. Siempre con el engaño puesto por delante. Acabado el toro por el pitón diestro, Chaves instrumentó tres ajustadas series de relajados naturales. Sueltos y al aire del toro los de la primera. Suaves y templados los de la segunda. Esforzados y empujados los de la tercera. Sensacional. Resuelta la faena, el matador charro perdió la segura oreja con la espada. Una verdadera pena.

Para Octavio Chacón fue el ‘cuadri’ más corto de cuello, un tercero que terminó aburrido de tantas veces que lo pusieron al caballo. Con las pocas ganas que tenía él de arrancarse al peto. También dilatado e intrascendente fue el discurrir del último tercio. Una interminable sucesión de muletazos, de uno en uno, de retrasado embroque, fugaz trazo y desahogado remate. Algo chiquitito. Con el sexto, un cuajadísimo y rebrincado mostrenco, ovacionado de salida -jajajajajajaaa…-, volvimos a la pobre pauta de casi toda la corrida. Dolido de la mano izquierda, afligido y con el hocico entre las manos, ‘Goyesco’ no hizo más que aletargarse en los espesos engaños de Octavio. Nones. Puerta y hasta mañana.