Titanes en el torbellino

Cornipaso, de generosa cuna, corto de manos, recogido y cuajado de los cuartos traseros, el temperamental toro que abrió plaza acometió por dentro y a su altura natural, echó las manos por delante y se resistió a soltarse de los capotes. ‘Patoso’ protestó tímidamente en el peto, mientras se dejó dar en dos severos puyazos. Como tras sus dos arrancadas al caballo, el de Escolar tampoco descolgó la cara ni se empleó tras el capote de brega de César del Puerto. Ya en el transcurso del último tercio, el cárdeno midió, se frenó en los embroques, siguió acometiendo por dentro y sintió un irrefrenable deseo por quedarse en las zapatillas del firme Fernando Robleño. De ir para adelante, nones. Por el derecho buscó los atajos y por el izquierdo se desentendió de todo. De casta nada de nada. Lo suyo fueron genio, sentido y muy malas pulgas; lo que toda la vida fue considerado un marrajo.

El segundo en el orden de lidia fue toro con hocico de rata y anchas sienes; alto de cruz, de menguado cuello y apretadas carnes. Saludado a portagayola, ‘Capitán’ fue decididamente conducido por abajo y por delante hasta los medios por Gómez del Pilar. No, el bragado astado no se rebosó ni por descuido. Quitado a la verónica por Ángel Sánchez, el toro se coló por el derecho. A taponazos tomó la capa de Iván Aguilera. Y, entre una inclemente ventorela, tomó la muleta de uno en uno y a regañadientes. Tragó Noé lo que no está escrito durante su asentado y sólido planteamiento de faena. Imposible ofrecerle más ventajas a un toro reservón e incierto que, milagrosamente desengañado por el diestro madrileño en la postrera tanda, terminó rajándose por lo bajini.

Más fino, lavadito de cara, largo de manos y viga y vareado, el tercero de la tarde disparó de inicio al capote del bisoño Ángel Sánchez. Tras dos trancazos de Padre y Señor nuestro en los que el toro descolgó, pero no se empleó, los arreones de ‘Combativo’ fueron contenidos y ordenados por el proverbial capote de Iván García. Unan a ellos los descomunales pares de banderillas de Raúl Ruiz Bonilla y Fernando Sánchez y obtendrán como resultado un segundo tercio para el recuerdo. Desconozco si los clarines anunciaron el último tercio o el torbellino de aire que impidió a Ángel Sánchez dominar las telas frente a un astado, siempre con la cara arriba, de impetuosa y arrolladora movilidad. ¡Bingo! Por fin un cárdeno que fue para delante. Carente de entrega y empuje, pero hacia delante. ¿Emotivo? ¡Mucho! En buena parte gracias a la descarnada entrega de un torero tan inocente como sincero. Frente a la mentirosa movilidad del ‘albaserrada’, la verdad de Sánchez. Y siempre la incertidumbre en el momento del embroque. Las palmas durante el arrastre del toro sonaron a coña.

Traspasado el ecuador del festejo, saltó al arenal venteño un toro cornipaso, alto de cruz y corpulento, que se violentó y descompuso tras topar en repetidas ocasiones el destemplado capote de Jesús Romero y que empujó, a su altura y con los pechos, en varas. Algo distraído en banderillas, el noble y aletargado ‘Pocapena’ fue sobado y paulatinamente desengañado en una templada labor, de creciente ligazón e intensidad, en la que Fernando Robleño exhibió sus galones. El de San Fernando de Henares volvió a demostrar que la paciencia es la madre de todas las ciencias. También la taurina. Enjaretada la calibrada faena, Robleño hizo olvidar al respetable los defectos de su manejable oponente. Tras una estocada entera y trasera, necesitó de un golpe con el estoque de cruceta. Sorprendentemente, a la petición de oreja le faltó cuórum. No, en esta ocasión, no descarguen su ira contra el palco presidencial. Lo cierto es que, aunque cueste creerlo, faltaron pañuelos en los tendidos. ¡Ay Señor! Tanto para unos y tan poco para otros.

El toro que completó el lote de Gómez del Pilar llamó la atención por sus astifinos y pavorosos pitones. Apretó de salida el degollado ‘Sevillano’ para los adentros; lucido durante la suerte de varas, lo cierto es que el cinqueño buscó los pechos del caballo montado por Juan Manuel Sangüesa. Honores para el atinado varilarguero. Y para Iván Aguilera y Pedro José Cebadera, obligados a desmonterarse tras protagonizar un notable tercio de banderillas. Brindaba Noé al respetable la lidia del poderoso quinto, cuando un inoportuno desarme a Juan José Rueda despertó a la bestia. Siempre apoyado sobre las manos, el orientado astado lanzó secas tarascadas por ambos pitones antes de revolverse con sentido en un abrir y cerrar de ojos. ¡Menuda prenda! Por si fuera escasa la dificultad, nuevamente sopló el aire. Meterse con el toro fue casi imposible. Que Gómez del Pilar no desesperara ante tanta adversidad, no hizo más que ratificar su comprometida actitud. Algo que no pasó desapercibido para el agradecido público que cubrió las dos terceras partes del aforo.

Basto, pobre de cara, de generoso esqueleto y rematado cuarto trasero, el toro que cerró plaza tuvo una salida de las que dejan sin resuello. Aunque con la cara alta, ‘Vistoso’ cumplió fijo en el peto del caballo. Logró Ruiz Bonilla que el toro descolgara las arrancadas, pero el ‘escolar’ remontó sus pegajosos viajes. Ahora sí, Sánchez acusó su escaso bagaje y la dificultad de unas dormidas arrancadas en la media altura. Cada vez más afligidas. Quizás fue también el exceso de emociones de una tarde ventosa que condicionó absolutamente el discurrir de cada una de las seis lidias. De ahí la titánica actuación de los espadas y sus cuadrillas. Titanes en un torbellino.