Una faena sorda y una fenomenal estocada

Justito de raza y fondo, el cárdeno que rompió plaza fue novillo fijo, pronto, noble, de humillados embroques y deslucidos finales. A ‘Chaparrito’ le construyó Ángel Jiménez la faena sorda de la tarde. La desesperante falta de chispa del ejemplar de La Quinta impidió que la templada faena del novillero sevillano encontrara eco en los tendidos. Difícil manejar los engaños con más suavidad y cadencia. Y regular con tan acertado tino las distancias y el preciso momento de los embroques. No solo es que Jiménez no pegara un solo tirón, es que tampoco se dejó topar las telas. De entre su notable actuación, sobresalió la última serie de naturales. La muleta muerta sobre la arena, un preciso tiempo muerto y varios toques imperceptibles en cada muletazo, le permitieron empujar hacia delante y hasta el final a un despegado y apretado utrero al que condujo a los adentros con desbordante torería. Lástima que la estocada, casi entera, cayera a los infiernos. Frente a su segundo, manso, discontinuo, correoso y sin el más mínimo ritmo en sus arrolladoras acometidas, Jiménez mantuvo el tipo y la compostura hasta que ‘Soberbio’ terminó rajándose a tablas.

Quiso el azar, siempre caprichoso, que el lote más completo de la tarde lo sorteara ‘El Galo’. Ninguna suerte suerte la suya -la de los novillos-. Pronto, encastado, noble y de enclasadas embestidas por el pitón derecho ‘Marsellés’, el segundo en el orden de lidia; un armónico novillo, corto de manos y hecho cuesta abajo, nacido para embestir. De finos y largos cabos, el cornidalantero cárdeno oscuro que hizo quinto. El noble ‘Soguero’ campó a sus anchas por el ruedo ante el nulo dominio y gobierno de su bisoño lidiador. Como nunca le apretaron las tuercas, fue imposible calibrar su verdadero fondo. Por cierto, nada diré de ‘El Galo’; bueno sí, que quienes cerraron su contratación, las dos partes, son unos irresponsables. Sin oficio ni beneficio. Así de claro y contundente.

Sobrado de oficio y conocedor de las particularidades del encaste, Francisco de Manuel. Bajo como un zapato y hondo fue el tercero, un novillo al que el largo novillero saludó por templados y recreados lances a la verónica, rematados con una media a pies juntos de cartel. De esperanzador comportamiento durante los dos primeros tercios, lo cierto es que ‘Callejito’ pesó un mundo en las telas y pico por dentro al tercer muletazo. Tanto es así que a punto estuvo de levantar las zapatillas al experto De Manuel. Ya sea por el pitón derecho o por el izquierdo, el ‘quinto’ echó el freno de mano en seco en sus terceros viajes. Por si fuera poco, fue desarrollando sentido. Con el ejemplar que completó el encierro de la familia Martínez Conradi, quizá el de más simplona lámina de la tarde, el pupilo de Carlos Aragón Cancela volvió a lucir con el capote. Magníficamente banderilleado por Juan Carlos Rey y Fernando Sánchez, ‘Orejisano’ se movió tela marinera antes de los embroques, después se durmió al calor de la franela y costó un mundo soltarlo del engaño. Por si fuera poco, hizo hilo y resultó pegajoso; cuestión que De Manuel no logró resolver en un denso trasteo, rubricado de fenomenal estocada. De las que antiguamente valían por sí solas una oreja indiscutible. Eran otros tiempos.